Los Heraldos de la Tormenta (Lobos vs. Mil Hijos)

Continua a toda marcha el Torneo de 40k, en esta ocasión Lobos Espaciales contra Mil Hijos, un igualado enfrentamiento que hizo las delicias de los jugadores hasta el final.

Brom Tormentoso, Señor Lobo de los Lobos Espaciales, Asesino de Hechiceros, El Matatitanes, yacía sobre la fría mesa de piedra. Había sufrido heridas graves luchando contra Hijos del Cíclope, sin embargo, una torva sonrisa se dibujaba en su cara mientras el Sacerdote Lobo Ulfar realizaba la sangrienta labor de recomponer su malherido cuerpo.

Habían conseguido expulsar de la ciudad al maldito Ahriman y a sus acólitos. La destrucción del enemigo había sido completa, él mismo había destruido a un gigante de ceramita, adamantium y hechicería. Aquel maldito no había querido morir cuando el gran Canut Puño de Acero se había enfrentado él, se había mantenido prácticamente incólume y había destruido el chasis del gran guerrero. Los Sacerdotes de Hierro tenían una gran tarea para poder recomponer sus restos y devolverlo a la no-vida de los Dreadnoughts.

Sin embargo nada había podido parar la ira de los Hijos de Russ, con un par de golpes de su martillo Brom se había deshecho de la bestia y se había enfrentado cuerpo a cuerpo con el propio Ahriman, al cual mandó a la disformidad de un poderoso golpe. Sus huscarles derribaron a otro ingenio demoníaco antes de destruir a un poderoso Príncipe Demonio. Sufrieron bajas horribles para conseguirlo pero los nombres de los caídos serán recordados en las frías salas de El Colmillo.

Después de la batalla solo había quedado polvo de los enemigos…

Tosiendo sangre por una boca con colmillos tan afilados como los dientes del poderoso Kraken, Brom se incorporó, agarró su poderoso martillo de guerra, el Kromlach, y avanzó hacia la sala de banquetes de su nave, la Rugido del Lobo. Allí le recibió la ovación de sus guerreros, contentos de que ver que aún se encontraba con ellos.

Con un esfuerzo de sus doloridos brazos levantó a Kromlach y aulló. Aulló por la victoria, por la destrucción de los enemigos y por la gloria de Russ y el Padre de Todas las Cosas. Sus hombres aullaron con él y los escudos que adornaban las paredes temblaron ante el ansia de gloria de los Guerreros del Cielo.

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