Necromunda, Venators VS. Orlock

El líder de una pequeña banda de la casa Orlock había recibido rumores de que en el sector omega-7-b de la subcolmena Primus se hallaba un raro dispositivo, que según sus fuentes podía haber pertenecido al Mechanicus milenios atrás, sin embargo, las vagas descripciones de su fuente hicieron sospechar al líder Orlok, pero era un riesgo que merecía la pena correr. Conseguir un artefacto como ese le haría ascender rápidamente en la casa Orlok. El líder y su banda consiguieron llegar prácticamente sin ningún problema al lugar señalado, donde se alzaba un artefacto de unos dos metros, compuesto de varias terminales con raros símbolos que eran incomprensibles. Aun así estaba resultando demasiado fácil y era muy raro que solo ellos se hubiesen enterado de la existencia de tan valioso recurso.


Tres grandes explosiones resonaron desde tres flancos distintos, el líder había confirmado sus sospechas, le habían engañado, pero se había olido la emboscada y mandó a tres de sus hombres a esconderse en un sistema de túneles que había descubierto en la zona. Los asaltantes portaban unos abrigos que les cubrían todo el cuerpo y unas máscaras con respiradores , que no les resultaban nada familiares. Rápidamente, los 3 pandilleros del túnel trataron de reaccionar, uno de ellos esquivó las salvas y con su mochila retrorreactora lanzó una carga de demolición a un grupo de los asaltantes. Pese al esfuerzo de los Orlok, sufrieron numerosas bajas y no tuvieron más remedio que huir de la zona, perdiendo los túneles que habían descubierto.


El líder, furioso en su asentamiento, mandó a ajustar cuentas contra la sucia rata traidora que le había engañado, mandado a varios de sus hombres para que lo trajeran ante él. Tras unas horas, el falso confidente compareció ante el líder y antes de destriparle, éste contó que no tuvo más remedio y que no tenía nada que hacer contra los Korps, que disolviera su banda y no se entrometiera en los asuntos de estos sujetos, que venían desde muy lejos y no respondían ante nadie, que la disciplina táctica y marcial igualaba a grupos especiales de eliminación de la propia Guardia Imperial. Esto solo hizo que enfurecer más al líder Orlok, mandando a sus súbditos que averiguaran cualquier cosa sobre estos desconocidos Korps, y si realmente tenían relación con la Guardia Imperial. Esto únicamente acababa de empezar, iba a vengarse de tal insulto.

Nigidia se quitó el casco, lo dejo encima de su camastro y se sentó mientras se secaba el sudor.
Había sido un buen día, la sargento Pictrix la había felicitado por su primera baja desde que llego a la colmena Primus. Se notaba que estaba contenta, las chicas lo habían hecho bien.
Había sido duro guardar la calma hasta el momento de atacar y aunque no lo reconocería delante de sus compañeras había tenido un momento de duda cuando aquella carga de demolición estalló junto a Aulia y Nipia.
En aquel momento su entrenamiento fue quien tomó el control y casi la obligó a elegir un objetivo y disparar su escopeta.


Se dio cuenta de que llevaba varios minutos de pie recordando a cámara lenta aquel disparo, una y otra vez.
Veía el fogonazo de su arma, el impacto en el cuerpo del pandillero orlock y como caía al suelo con un brazo ensangrentado. Puede que fuera imaginaciones suyas pero incluso creía haber cruzado la mirada con el orlock justo en el momento de apretar el gatillo.
No sentía remordimientos, aquella escaramuza no había sido nada comparada con… bueno, la sargento Pictrix lo llamaba “el incidente”.
Ninguna de las chicas hablaba nunca de “el incidente” pero cuando cualquiera de ellas se quedaba en silencio con la mirada perdida todas sabían qué estaba pasando por su cabeza.
Ya dentro de la cama cerró los ojos y se obligó a pensar que hoy había sido un buen día.
Mientras dejaba que llegara el sueño volvió a ver la mirada del orlock, recordó el tacto del gatillo, el fogonazo de su escopeta, la nube de sangre en el brazo del pandillero…
Mirada, gatillo, fogonazo, sangre…
Mirada, gatillo, fogonazo, sangre…
Mirada, gatillo, llanto…
Mirada, gatillo… El llanto de aquellos niños…
Ese llanto… ese llanto no era real…

Charlie Metralla no conseguía dormir. Había sido una batalla muy dura contra esos cabronazos (o cabronazas?) encapuchados.
Pero este tipo de retos nunca le habían amedrentado… De hecho, a pesar de ser un novato en la banda Orlock de los Black Avengers, él y su hermana Cali fueron los primeros voluntarios para probar las nuevas mochilas propulsoras experimentales: “¿llevar un cohete atado a la espalda mientras manipulas una carga de demolición? ¿Dónde hay que firmar?”. Esa combinación de equipo experimental hoy le había valido las felicitaciones de todos sus nuevos compañeros: en pleno fragor de la batalla, no dudó en propulsarse de cabeza para ayudar a un compañero caído, al tiempo que aprovechaba el impulso para lanzar la carga de demolición directamente contra aquellas sombras detrás del contenedor, desde donde provenían los disparos que habían herido a su compañero.
Había sido un gran día para él, pero esta noche no podía dormir: sentía un pinchazo en el abdomen. “No pueden ser nervios, ¿será la emoción de mi bautismo de fuego?…” Pero el dolor del pinchazo era demasiado agudo, así que llevó la mano a su vientre y ahí estaba…tenía algo clavado. Usando la punta de su cuchillo de combate consiguió extraerse aquel objeto extraño que tanto le molestaba… “Joder, es un puto diente”, sonrió. “Ahora sé que la explosión de mi carga de demolición ha dejado un pequeño recuerdo a esa zorra encapuchada”. Dicho esto, se guardó el diente en el bolsillo y se durmió pensando en el bonito amuleto que se fabricaría al día siguiente.

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