Adios, compañero

 

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Hace unos días nos dejó Vicente Calatayud Borras, Kutu para los amigos.

Uno de la Vieja Guardia, uno de los socios fundadores del Club Dreadnought. Era una persona buena, noble, egoísta a veces , amigo de sus amigos y también de sus enemigos, con una imaginación desbordante y sin una pizca de maldad.

Un niño grande con cuerpo de oso, como en algún momento se le definió. Pero para mí, sobre todo, era un amigo o ese hermano mayor que siempre desee y nunca tuve …hasta que llego él .

Corrían los primeros meses de los años ochenta y un adolescente, delgado y desgarbado, en busca de su sitio , entró en una exposición de miniaturas militares,  que, con motivo del desfile de las fuerzas armadas se organizaba …no recuerdo dónde.

Y allí estaba él , grande y poderoso, junto a otros que, más tarde, serían mis amigos , mostrándome  a mí y a mi madre, lo que había en aquellas vitrinas de la Asociación de Miniaturistas de Valencia … y dándome una de las primeras lecciones de vida: Los raros son los otros, a los que no les gustan las miniaturas…

Y así fue cómo me embarqué en aquella aventura con aquellos tipos raros que hacían maquetas y jugaban a los primeros wargames con figuras. La AMV, las reuniones en La Taurina, un bar de mala muerte  de la calle Castellón, muy cerca de otro de los lugares donde germinaría este club: Mundo Feliz, una enorme tienda de maquetas. Allí conocí a Gerardo, Vicente y a los que, a la postre, conformaríamos los socios originales.

En Mundo Feliz adquirí mis primeras maquetas con la magra paga que recibía cada semana, pero lo fundamental eran aquellas tardes de sábado donde nos reuníamos y me quedaba boquiabierto, escuchando historias sobre la II Guerra Mundial.

Años más tarde cambió el punto de reunión a la casa de Santiago Vilariño, otro histórico, a jugar a wargames, yo no me enteraba de nada y hacía lo que podía. Por aquel entonces, se montó el primer club en pleno Ruzafa, la calle Cadiz, allí nació la leyenda de Kutu y demostró su imaginación desbordante, sus ganas de vivir y su necesidad de tener amigos tan imaginativos como él. Quienes tuvimos el placer de conocerle, lo valoramos siempre.

Kutu era esa persona que si te encontrabas mal un día , te invitaba a cenar o al cine y compartía contigo esos momentos en los que te había dejado la chavalilla o habías tenido bronca en casa …sin pedir nada a cambio.

Kutu era esa persona que no le gustaba perder y cuando jugábamos al Machiavelli o al Civilization odiaba que sus amigos lo apuñalaran por la espalda y no entendía porqué lo hacían , siempre durante el transcurso del juego , claro.

Kutu … protagonizó algunas de las anécdotas más hilarantes de esta parte del Missisipi , del movimiento Friki … o el cine de Berlanga ,como : “La gaseosa” , “el cochecito” , “la autopatada de Karate” ;  la medida de la imaginación por excelencia “el capazo” o ” asesinatos frente a los cines Martí”… y muchas otras más …

Hace unos meses , después de casi 30 años de ausencia del club regrese a él … y pregunté por Vicente y el resto de la Vieja Guardia … y claro , no estaban, pero se podía percibir su presencia …

Cuando nos dejó, me encontraba de viaje y no pude despedirme de él , pero allá donde fui llevé su recuerdo en  mi maleta .

Adiós,  amigo… hazme un sitio en la mesa , para volver a jugar otra partida contigo cuando llegue el momento.

Vicente Rius Máñez  9 de agosto de 2016

 

 

 

 

 

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