Partida Gurps II

Este sábado volvimos a quedar y hechar unos dados, pero esta vez ibamos preparados (me llevé el DDT de mi abuela).
La partida empezó un poco más tarde de lo habitual (el jugador que está como una mojama vino tarde (aunque para lo que iva a hacer) y el perdido no apareció. Así que comenzamos la partida donde lo dejamos (¡uf!, ya no me acordaba de lo chungo de la situación).

Estabamos negociando con los hombres de arena. El habitante del desierto descubrió que estos también lo fueron en vida y pidió parlamento (todos los habitantes del desierto lo cumplen, aunque no se sí los muertos tambien). Despues de media hora de reloj de negociación con los seres ofrecieron un pacto, libre paso hasta la próxima población para los tres hombres y la mujer, pero a cambio debía buscar y entregarles tres almas, me indicaron que más habajo había cinco almas, aunque sí quería salir acompañado de la mujer el precio sería de sólo un alma (vaya, al lado hay una disponible, y que se deja). Cuando volví al lado de la mujer y la mojama habian pasado ¡6 dias!. Sí llegamos a ser de la misma tribu y nos liamos a hablar, cuando salgo ya se ha inventado la electricidad.
Después de mucho pensar y sopesar pros y contras tomé la que posíblemente ha sido la decisión más difícil de mi vida rolera. Deseché la posibilidad de entregar a la mojama (a pesar de que en la partida a nuestros personajes sólo les une un contrato, y que se conocen desde hace unos días, 15 más o menos) y me aventuré, mojama y mujer a cuestas, hacia el interior del subterraneo, siguiendo las huellas de mi amigo (a este si que lo conozco desde hace años), que llevaba seís días perdido. Por fín lo encontré en una sala con cinco mendas más y alrededor de una lampara de aceite casi extinta, por supuesto estaban en un estado lamentable de inanición y deshidratación, y tuve que cargar con cada uno de ellos de vuelta hacia la salvación (aunque me temo que la de los cinco desconocidos no fué). Sí lo habeís adivinado, entregué los cuerpos (que mantuve con vida pero sin que repusiesen fuerzas) de los cinco desdichados a los hombres de arena, (si, ya se que me pidieron solo tres almas, pero es que con los semejantes a mí, ya sabeis, habitantes del desierto, soy generoso), y pudimos escapar de las “marditas ruinas quillo”.
Como era de esperar los nobles habitantes del desierto, y a pesar de su maldición, cumplieron el trato y nos dejaron llegar a destino.
Allí nos tenemos que encontrar con nuestro contacto (un cuarto jugador que se nos ha unido recientemente) para la entrega de la mercancia (la mujer que “rescatamos”). Y encontramos un antídoto para recuperar a la mojama.
La próxima partida será desde Segorbe o alrededores, puesto que nos vamos a una casa rural a pasar un fin de semana rolero. Ya os contaré como ha ido.

Alí Ben Al-Katre.

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